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lunes, 2 de octubre de 2017

El día después

Ayer se hizo realidad el 1 de octubre. Miles de ciudadanos salieron a votar en Cataluña mientras el resto de España contemplaba atónita el espectáculo. Los medios informativos internacionales hablaban del referéndum catalán, mientras la televisión pública española emitía reportajes de "Españoles por ell mundo". Ole el arraigo.

Me parecen lamentables las escenas de violencia que se han repetido. Lamentables y evitables. Porque se puede evitar golpear a personas mayores, tirar de los pelos  mujeres, aporrear a todo el que se cruzase por el camino o quien defendía su derecho a manifestarse. Se puede evitar valerse del poder para crear violencia, odio y tiranía.

No soy independentista, ni separatista, pero no soy capaz de enarbolar la bandera española simplemente para dar a entender que no apoyo la iniciativa catalana. Me explico: entiendo la diferencia de los pueblos, la idiosincracia de cada terrirorio y creo que la proclama catalana busca la opinión y el posicionamiento de un pueblo que tradicionalmente ha sido reivindicativo y singular; más allá de los intereses políticos.

No quiero que se independicen de España, porque no se entendería la nación con sus comunidades autónomas, en el sentido estricto de la palabra. Pero tampoco entiendo que el Presidente del Gobierno de España se escude tras la actuación de los cuerpos de seguridad y declare que el referéndum no ha existido y que somos un ejemplo internacional. Menuda hipocresía.

lunes, 3 de octubre de 2016

No a lo predecible

En estos últimos tiempos venimos cosechandon resultados que podría decirse que se escapan de la lógica, que nos dan un golpe de realidad y nos recuerdan que muchas veces ocurre justamente lo opuesto a lo que predecimos o a lo que deseamos.

Después de la victoria de la posición del "Brexit" que defendieron los ciudadanos británicos, hoy hemos conocido que Colombia no respalda el acuerdo de paz que establecieron sus gobernantes con los dirigentes de las FARC. Desde luego que me sorprende, pero me quedé estupefacta. No podía comprender cómo el pueblo colombiano se abstiene en un porcentaje tan alto ante una consulta con tanta trascendencia en su territorio.

Como han venido comentando hoy algunos tertulianos, lo que nos falta es la victoria de Donald Trump en las próximas elecciones estadounidenses. Les prometo que fue lo primero que pensé al escuchar el resultado del escrutinio de Colombia. Y nada me sorprende. En España ya nos hemos montado solitos la faena, así que nada de lo que ocurra puede dejar un panorama político más comprometido del que venimos aconteciendo desde hace unos meses.Lo único que, en mi opinión, salva estas extrañas circunstancias es el humor con el que los cuidadanos se toman las noticias. Y qué vamos a hacer si no. Que vivan las pizzas en Ferraz, el anuncio de Heidi proclamando la dimisión de su amigo Pedro y salvo que algo lo impida, nos veremos en nuevos comicios en fechas navideñas. Vaya comedia.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Mayorías silenciosas

Con la vaga expresión de "mayorías silenciosas" hace referencia el Gobierno a las personas que se quedan en sus casas ante una manifestación de gran clamor popular, como fue la pasada Diada en Cataluña o las huelgas generales que ha recibido en año y pico de gestión.

Hay que atender a las mayorías silenciosas. Vaya excusa barata. Es la forma más ridícula de rehusar una realidad palpable. Hacer oídos sordos a las voces que se alzan gritando. No me refiero con esto a que se ceda a la lucha por la independencia catalana, pero lo que no se puede es dejar de evidenciar lo que pasa en la calle.

El mismo término emplearon ante la pasada convocatoria de huelga. Y lo que me pregunto es cómo se puede tener tanta falta de criterio. Quien sale a la calle a manifestarse es porque quiere declarar pacíficamente, en la mayoría de ocasiones, su opinión contraria a lo que pasa o a lo que sufre. Por eso han existido convocatorias en defensa de la educación o la sanidad pública, entre otras muchas causas.

Me parece inválida esa expresión, si hay que comprender a quien no habla, a quien no se manifiesta, ¿por qué no se sigue el mismo criterio con el que no vota, con el que no da a conocer su opción en las elecciones? Claro, ahí nos ceñimos a la democracia. Pero esta doctrina política ¿no promulga la igualdad de todos los cuidadanos? ¿Por qué se escucha a unos y no a otros? Hay un refrán que dice: a palabras necias, oídos sordos. Los ignorantes son quienes no saben lo que podían o debían saber. Ahí lo dejo.