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viernes, 1 de marzo de 2019

Soy feminazi

A la vista de los últimos acontecimientos socio-políticos que sufrimos en España, he considerado mi posición. Algunas fuerzas definen como feminazis a aquellas personas que defienden un "feminismo radical", según ha llegado a afirmar la propia Real Academia Española en redes sociales.

Diversos colectivos insisten en equiparar la violencia de género con acciones violentas que pueden producirse en el ámbito de la familia. Es innegable que las mujeres, por el mero hecho de ser mujer, estamos sometidas a una serie de conductas sociales que no sufre el hombre. Vegaciones,  soportar que les increpen, abusos, que te infravaloren o te veten son sólo algunos ejemplos.

Soy defensora de la mujer, o feminista, o feminazi ; me da igual cómo me califiquen. Pero alzo mi voz y lucho a diario por erradicar comportamientos anquilosados y machistas que degeneran la figura de la mujer, e incluso de las niñas, en la sociedad. Y lo seguiré haciendo, porque creo que soy igual de capaz que cualquier otra persona, independientemente del sexo que sea.

lunes, 17 de diciembre de 2018

La bestia

Hoy hemos conocido un terrible caso de violencia. Una mujer joven que ha salido a la calle y ha acabado muerta ¿El motivo? Ser mujer. Así de sencillo y así de terrible.

No puedo evitar transmitir mi dolor por tener que contabilizar asesinatos de mujeres. Presumimos de ser seres civilizados y tolerantes y, sin embargo, tenemos que luchar contra una bestia cuya barbarie se vivió en siglos pasados y no parecemos haber superado.

Ni Laura, ni Teresa, ni hijos de fallecidas por violencia de género, ni familias que las lloren, ni vecinos que se lamenten. Esa lista tiene que extinguirse y esta lacra machista formar parte de una cruda historia que nos ha tocado vivir a los coetáneos del siglo XXI, aquel que trascenderá por la lucha a favor la igualdad de oportunidades de las personas.

lunes, 16 de julio de 2018

Cuídate

La lacra de la violencia de género nos acecha. En cuatro días han sido asesinadas en España cuatro mujeres y este problema se ha enquistado tanto en nuestro entorno social que, por desgracia, parece complicado erradicarlo a corto plazo. Por más que se invierte en campañas educativas y mediáticas, los datos son nefastos y se traducen en decenas de mujeres y niños muertos a manos de sus agresores.

Me cabrea, me enfada, me siento impotente. No hoy, sino siempre. Me da tanta rabia que la vida de una mujer y la de sus hijos dependa de la voluntad de un mísero cobarde, que no le encuentro explicación. No tolero que se les tilde de supuestos o presuntos asesinos cuando la muerte y la violencia es tan manifiesta.

Y varias alternativas a nivel internacional parecen advertir a la mujer de que se cuide. Un ejemplo es el Ayuntamiento del pueblo vasco de Santurtzi, que prestará servicio de acompañamiento a casa a las mujeres durante las fiestas o la decisión de la FIFA de no sacar planos de mujeres en las gradas para evitar agresiones sexuales. Esto me hace preguntarme ¿quién tiene el problema: la mujer, que sufre el ataque, o el hombre que lo perpetra? ¿Por qué poner en marcha esas medidas que parecen designios de la época medieval?

En julio del año 2018 ya llevamos décadas luchando para normalizar el papel de la mujer en la vida social, para integrarla laboralmente y para que tenga exactamente los mismos derechos que el hombre. Por supuesto que hay que evitar agresiones, pero lo que hay que hacer es condenarlas, y no dejar manadas sueltas.

De cerca

Hoy la violencia de género me ha tocado de cerca, muy cerca, en mi pueblo, en una calle por la que transito a diario. Una mujer y sus dos hijas han sido asesinadas a manos de su marido.

Me cabrea, me enfada, me duele. No hoy sino siempre. Pero cuando toca tan cerca parace que se hace más doloroso. He circulado por el entorno del lugar donde ha ocurrido la tragedia y he visto a compañeros periodistas relatando la desgracia que ha tenido lugar en una calle tranquila de un pueblo apacible y amable.

He condenado la violencia de género una y mil veces y he usado mi blog como plataforma. En esta ocasión he escrito y me he desdicho al ritmo de los acontecimientos. No puedo culpar de asesino a una persona que podría no serlo, según se apuntó a las pocas horas de conocer la noticia. Pero una vez desvelado el resultado de las autopsias, todo parece indicar que es un caso de violencia machista. Otro caso más, un desdichado asesinato que para mí y los vecinos de mi Villa tiene una connotación diferente porque ha sido muy cerca y se ha llevado a una de las nuestras y a dos niñas.


Como he apuntado, entender cómo una familia puede llegar a realizarlo escapa a mi comprensión. Y me duele que personas inocentes acaben siendo las víctimas de esta lacra contra la que todos tenemos que luchas a diario. Ni una menos, las queremos a todas y las queremos vivas.




viernes, 17 de noviembre de 2017

Entre nosotros

Ayer comentaba con un grupo de compañeras la noticia de la admisión a trámite del seguimiento a la chica que fue violada en los San Fermines por el grupo autodenominado "La Manada". Como tantos españoles iniciamos un debate sobre la violencia que derivó en la conducta social que se toma ante las agresiones machistas. Mi sorpresa vino después.

Unas y otras opinamos coincidiendo en nuestra repulsa a los comportamientos degradantes y ofensivos hacia la mujer. Introdujimos varios puntos de vista y al cabo de un rato una de mis compañeras, una de nosotras, confesó haber sido víctima de violencia de género y haber soportado una vida muy dura durante años.

Me quedé de piedra. Me sorprendió mi reacción tan pausada, porque yo, que me considero una defensora de los derechos de la mujer, no creí que alguien con quien llevo compartiendo tiempo hubiera pasado por un calvario como ese y el resto lo ignorase.  Es evidente que uno no pregona todo lo que ocurre en su vida, pero esto es diferente. Hablamos de maltrato, violencia, vejaciones... y en su momento no contaba con la ayuda y el apoyo de organizaciones que existe hoy.

El tiempo de nuestras abuelas fueron décadas de intolerancia y de condena a la mujer, que era víctima, y la responsabilidad de hacerla sentirse culpable de provocar la violencia en el hombre. Es lamentable. Me da asco.

Cada vez que escucho un testimonio me erizo, no me lo explico. Lo que es más grave es que sigue pasando; chicas de 15 años son dependientes de sus parejas y lo asumen como normal. Les controlan su forma de vestir, el móvil, no les permiten relacionarse con otros hombres y para estas niñas es casi motivo de orgullo o una muestra de amor.

En pleno siglo XXI la figura de la mujer está hipersexualizada y sigue siendo en gran medida ella la que friega los platos y lleva los niños al médico. Esto tiene que cambiar, pero a pasos de gigante. Confío en que nuestra educación ha sembrado una semilla de crecimiento y avance y para que germine necesitamos de hombres y mujeres libres, tolerantes y trasmisores de respeto e igualdad.

lunes, 2 de octubre de 2017

El día después

Ayer se hizo realidad el 1 de octubre. Miles de ciudadanos salieron a votar en Cataluña mientras el resto de España contemplaba atónita el espectáculo. Los medios informativos internacionales hablaban del referéndum catalán, mientras la televisión pública española emitía reportajes de "Españoles por ell mundo". Ole el arraigo.

Me parecen lamentables las escenas de violencia que se han repetido. Lamentables y evitables. Porque se puede evitar golpear a personas mayores, tirar de los pelos  mujeres, aporrear a todo el que se cruzase por el camino o quien defendía su derecho a manifestarse. Se puede evitar valerse del poder para crear violencia, odio y tiranía.

No soy independentista, ni separatista, pero no soy capaz de enarbolar la bandera española simplemente para dar a entender que no apoyo la iniciativa catalana. Me explico: entiendo la diferencia de los pueblos, la idiosincracia de cada terrirorio y creo que la proclama catalana busca la opinión y el posicionamiento de un pueblo que tradicionalmente ha sido reivindicativo y singular; más allá de los intereses políticos.

No quiero que se independicen de España, porque no se entendería la nación con sus comunidades autónomas, en el sentido estricto de la palabra. Pero tampoco entiendo que el Presidente del Gobierno de España se escude tras la actuación de los cuerpos de seguridad y declare que el referéndum no ha existido y que somos un ejemplo internacional. Menuda hipocresía.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Malos padres

Recientes casos que han acontecido dan a conocer la maldad que pueden llegar a profesar ciertos padres, que no merecen ser llamados así. Se han hecho mediáticos varios sucesos que han desvelado a progenitores que han acabado con la vida de sus hijos.

El primero al que me refiero es el de la mujer americana que contrataba a hombres para que violaran a su hija de 9 años, niña que terminó falleciendo como consecuencia de los actos a los que la madre la sometía y que ella misma presenciaba. Cuando conocí la noticia me causó asco, estupor y miedo.

Otro hecho que cobró protagonismo en las redes sociales fue el del hombre que mató a su bebé, quien había superado un cáncer y cuyo padre confesó sentir celos de ella. Acabó con su vida, tras haberle ganado la batalla a una cruda enfermedad y arrojó sus restos a un arroyo. Sin comentarios.

Estos asesinatos contra niños inocentes despiertan el dolor, pero también la rabia y la impotencia. Me hacen pensar en lo que pueden llegar a sentir quienes siempre han querido ser padres y nunca pudieron lograrlo, en la injusticia de que puedan serlo quienes no son capaces de disfrutar de la inocencia y la bondad de sus hijos.

domingo, 13 de diciembre de 2015

¿Qué haría usted?

¿Qué haría usted si fuera testigo de la violencia cada día? ¿Qué haría si fuera tan pequeño que su opinión nadie la tuviera en cuenta? ¿Qué haría si escuchara golpes, gritos y lamentos sin poder actuar para defender a quien agreden? ¿Cómo sería su vida si fuera el hijo de una mujer víctima de violencia de género?

Esta semana agerdieron en Fuerteventura a una mujer de 24 años y su hijo de sólo 6 presenció el ataque, que terminó en la muerte de su progenitora. No dejo de preguntarme cómo actuará este niño de ahora en adelante, dónde estará, quién lo cuidará y cómo desarrollará su vida con una huella de semejantes condiciones.

A colación de las declaraciones de partidos políticos respecto a la violencia machista, debo apuntar que me posiciono con las mujeres. El motivo no es sólo que soy mujer, sino que estoy orgullosa de serlo y que no puedo tolerar que a alguien se le menosprecie, se le humille o se le agreda por la condición de su género. Es intolerable que equiparen la violencia hacia la mujer con otro tipo de violencia. No la prepondero ni justifico que ocurran otro tipo de agresiones, simplemente es que no hablamos de lo mismo.

Las cifras de muertes de mujeres de manos de hombres maltratadores son apabullantes. Es un drama, una lacra que no conseguimos erradicar a pesar de actuaciones judiciales y de la concienciación social. Siempre ha existido y hoy se lucha contra ella desde las escuelas y existen normativas de igualdad, pero las evidencias muestran que no son eficientes.

La lucha contra esta problemática debe realizarse al unísono de todas las fuerzas políticas y la representación ciudadana. Porque no podemos seguir tolerando ni una sola agresión, vejación o muerte. Porque las mujeres que matan no son las únicas víctimas y esta lacra deja ya un gran surco, cuando todos y todas debemos estar al mismo nivel y optar a las mismas oportunidades.




jueves, 22 de octubre de 2015

Desiguales

Hoy en todo lo que hacemos y en nuestra actitud buscamos la diferencia. Luchamos por destacar, por distinguirnos y por resultar diversos ante la gran masa social.

Hace sólo unas décadas ocurría lo contrario. Los regímenes dictatoriales y fascistas se encargaron de eliminar a quien era diferente, a quien sobresalía o a quien simplemente no seguía las pautas impuestas. Los progresistas, los liberales, los homosexuales o, simplemente, los justos no tenían cabida en un sistema político que, eliminando las diferencias, perseguía todo lo contrario a la igualdad.

Años después, con las viviencias sociales que esta Europa ha experimentado, me sorprende saber que aún existe quien condena la diversidad, lo heterogéneo y plural. En éste, que se empeñan en definir como "un tiempo nuevo", se han superado barreras en el ámbito social; no obstante, aún queda por qué luchar. Combatir el racismo, la violencia, la discriminación, el acoso, el terrorismo..., pero fomentar la libertad, la igualdad, la heterogeneidad.

Es el momento de aceptar y consolidar las diferencias en un mundo desigual, pero compuesto de muchos integrantes. Todos.

sábado, 28 de febrero de 2015

La barbarie

Estos últimos días con motivo de las actuaciones de grupos radicales, han aparecido en televisión imágenes de cómo matan y torturan a los infieles, a aquellas personas que no piensan como ellos o incluso contradicen los actos que se cometen con el pretexto de la religión.

No sólo graban lo que le realizan a quienes han capturado, sino que hacen públicas imágenes del reclutamiento de niños que pasarán a ser los futuros combatientes. Para ser uno de ellos es preciso someterse al dolor. He visto cómo pegaban patadas a niños en la zona abdominal o cómo les golpean con palos. Este ritual forma parte de la preparación y los padres no sólo lo permiten, sino que lo ven como algo habitual; debe se ser hasta un orgullo.

El mundo occidental se ha conmocionado al ver con la rabia que destrozaban esculturas históricas. Y es cierto que uno no puede permanecer inmóvil ante tanta barbarie, ante la desolación. Pero más allá de la historia, no entiendo una religión que justifica la matanza a seres inocentes, que quiere callar a quien no habla igual que ellos a golpe de pistola.

Condeno estas actuaciones como lo hago con cualquier expresión de violencia, pero lo que no tolero es que el islamismo sirva como razón para aterrorizar al mundo y para sembrar la semilla del odio, la crueldad y hacer como si los derechos humanos fueran cosa de un pasado remoto.