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domingo, 19 de abril de 2020

Libre

En tiempos del confinamiento parece recurrente pensar en qué haremos cuando acabe esta reclusión y podamos salir libremente a la calle. Lo más sorprendente es lo que ya sabíamos: que las cosas más importantes no tienen valor económico.

No creo que ansiemos comprar cosas, sino sentir. Oler, tocar, ver... Cuando sea libre quiero oler a salitre, quiero tocar la arena de la playa y la corteza de los árboles. Quiero ver y disfrutar de los paisajes de mi tierra, que tanto añoro.

Hemos agudizado el oído estos días con el canto de loa pájaros y con nuestra música favorita. Pero yo quiero oír el barullo de los niños por los pasillos de los colegios, el tintineo de las tazas y cucharas en una barra de bar... Y quiero escuchar, escuchar las voces de mis familiares y mis amigos de tú a tú, sin móviles ni videollamadas.

Quiero saborear la libertad de la que gozábamos hace unos meses y a la que no le daba la importancia que tiene. Vivir y sentir.


miércoles, 24 de julio de 2019

Esos pocos

Seguro que alguna vez te has cruzado con alguien de la clase de personas que te voy a describir. No son comunes, casi están en extinción. Son sencillas, discretas, pero con un simple gesto o un comentario le dan la vuelta a tu día.

Ayer estaba en un establecimiento y al pasar por un pasillo de menaje me crucé con una señora. Casi no me di cuenta, era de unos cincuenta y poco años y la vi distraída observando algún producto. Al pasar por donde estaba, se giró,  asintió con la cabeza y me iluminó con una gran sonrisa que me sacó de mi letargo de sobremesa.

Escuché a una psicóloga hablando sobre que se nos ha educado en el no contacto. En no decir lo bueno a los demás,  no dejar que te toquen, ni casi que te hable un desconocido.

Pues a mí me encanta. Necesito a más gente así. Gente empática,  cordial, humana. Parece que abundan, pero no son tantos; de hecho, son sólo unos pocos.

sábado, 6 de febrero de 2016

¿Me das un besito?

Seguramente recuerda una situación que vivió de niño a la hora de saludar a personas desconocidas para usted, pero allegadas a su familia, que insistían en acariciarle, hacerle carantoñas y pedirle besos. Me refiero a la típica escena donde una señora mayor le recuerda cuánto ha crecido y le pregunta sobre sus progresos escolares.

Por esto me he parado a pensar en la forma de saludarse que tiene la gente y he aquí mis conjeturas:

Los hombres, entre sí, tienen otro código. Para saludarse basta con darse unos golpecillos en el hombro o darse la mano. En ocasiones apenan pronuncian un escaso: "Ey".

Las mujeres somos más habladoras. Normalmente nos extendemos cuando nos encontramos con un conocido. Hacemos un balance de nuestras vidas tras haber estado meses sin saber de la otra persona. Encontrarse casualmente con una amiga en el supermercado o en la calle implica cierto retraso asegurado en los planes previamente establecidos.

¿Y cómo se saludan los niños? Son amigos, sinceros, espontáneos y muestran a flor de piel sus sentimientos. Basta con ir a un centro infantil para presenciar el alboroto y el jolgorio que forman al encontrarse.

¿Y los abuelos entre sus coetáneos? Aquí los protagonistas son las batallitas y los achaques. Justo después de haber vanagloriado a sus nietos, que si alguien no tiene modestia es porque no tiene abuelos.

Pues nada más. Me despido saludándole atentamente y deseándole un buen día.

lunes, 11 de mayo de 2015

Destrezas

Cuando aprendemos un idioma extranjero adquirimos conocimientos en varias facetas: la escritura, la lectura, el habla y la escucha. Al menos éstos son los parámetros más comunes a la hora de iniciarnos en una lengua distinta a la materna.

Sin embargo, cabe preguntarnos si poseemos el mismo dominio de nuestro propio idioma. Está claro que somos capaces de hablar y escuchar, pero no todos poseemos el mismo nivel de entendimiento, sobre todo a niveles técnicos o especializados.

Manejamos las destrezas en mayor o menor medida, pero hay ocasiones en que una de ellas queda muy dispar a otra. El claro ejemplo es la dificultad para escribir correctamente que tienen las jóvenes generaciones. La influencia de las nuevas tecnologías impulsa la rapidez en la comunicación y esto hace que se escriban mensajes erróneos y con graves faltas de ortografía.

Tanto en una lengua ajena como en la propia, hay que interesarse por progresar en el uso y entendimiento. Y nada mejor que la práctica en cada uno de estos aspectos (leer, escribir, hablar y escuchar) para mejorar en la adquisición de competencias.