Siempre que he escuchado o dicho la expresión "como en casa en ningín sitio", no imaginaba ni casualmente vivir unas circunstancias como las que estamos pasando en casi todo el mundo. Si lo pìenso, creo que un confinamiento no podría darse en mejor sitio que en tu casa, pero al ocurrir durante muchos días, acaba siendo un encierro desesperado.
Es verdad que estamos en nuestro entorno más próximo. Ni que decir tiene que estamos en mejores condiciones que las que sufren millones de personas a diario y, aún así, nos quejamos. Nos encontramos en casa, con ropa cómoda, tenemos comida, podemos entretenernos leyendo, viendo series, haciendo ejercicio... Nuestro aislamiento no se produce en un contexto de guerra o penuria.
Lo que demuestra esta situación es que nunca estamos satisfechos con lo que tenemos. Siempre ansiamos o deseamos vivir algo distinto. Es obvio que necesitamos encontrarnos con familiares, amigos o compañeros de trabajo. Tenemos muchas ganas de pasear al aire libre o tomarnos un café en un bar; pero tenemos la garantía de poder recuperar nuestra vida cotidiana y sólo eso es un verdadero lujo. Yo también quiero que sea pronto.
El día 1 de enero no se publican los periódicos en papel. Bien. Pues como "hoy no es uno de enero" este espacio servirá para publicar comentarios, reflexiones o apuntes del día a día que susciten interés.
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domingo, 29 de marzo de 2020
Dulce hogar
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viernes, 12 de mayo de 2017
Mi fiesta
¿Recuerdan cómo celebraban su cumpleaños cuando eran niños? Hace unas décadas no era habitual asistir a parques de juegos, instalar castillos hinchables o piscinas de bolas. Lo más sofisticado era ir a un merendero y romper a palos una piñata.
La ilusión debe ser la misma, pero hoy los cumpleaños para los niños son casi un ritual, todos los meses hay uno. A la celebración acuden todos los compañeros de clase. Eso también es diferente: antes se contaban los amigos con los dedos de una mano, incluyendo a primos y vecinos. El menú eran bocadillos, palomitas y chocolate, en lugar de la última oferta de comida procesada de un restaurante de comida rápida.
¿Qué me dicen del juego de la silla? Los de treinta en adelante saben de lo que hablo. Con música ochentera como banda sonora. Como regalo unos patines o un balón, nada de móviles ni videojuegos.
Debo estarme haciendo mayor. Voy cogiendo apuntes para mi próxima fiesta de cumpleaños. ¡Qué ilusión me hace la piñata!
La ilusión debe ser la misma, pero hoy los cumpleaños para los niños son casi un ritual, todos los meses hay uno. A la celebración acuden todos los compañeros de clase. Eso también es diferente: antes se contaban los amigos con los dedos de una mano, incluyendo a primos y vecinos. El menú eran bocadillos, palomitas y chocolate, en lugar de la última oferta de comida procesada de un restaurante de comida rápida.
¿Qué me dicen del juego de la silla? Los de treinta en adelante saben de lo que hablo. Con música ochentera como banda sonora. Como regalo unos patines o un balón, nada de móviles ni videojuegos.
Debo estarme haciendo mayor. Voy cogiendo apuntes para mi próxima fiesta de cumpleaños. ¡Qué ilusión me hace la piñata!
sábado, 6 de febrero de 2016
¿Me das un besito?
Seguramente recuerda una situación que vivió de niño a la hora de saludar a personas desconocidas para usted, pero allegadas a su familia, que insistían en acariciarle, hacerle carantoñas y pedirle besos. Me refiero a la típica escena donde una señora mayor le recuerda cuánto ha crecido y le pregunta sobre sus progresos escolares.
Por esto me he parado a pensar en la forma de saludarse que tiene la gente y he aquí mis conjeturas:
Los hombres, entre sí, tienen otro código. Para saludarse basta con darse unos golpecillos en el hombro o darse la mano. En ocasiones apenan pronuncian un escaso: "Ey".
Las mujeres somos más habladoras. Normalmente nos extendemos cuando nos encontramos con un conocido. Hacemos un balance de nuestras vidas tras haber estado meses sin saber de la otra persona. Encontrarse casualmente con una amiga en el supermercado o en la calle implica cierto retraso asegurado en los planes previamente establecidos.
¿Y cómo se saludan los niños? Son amigos, sinceros, espontáneos y muestran a flor de piel sus sentimientos. Basta con ir a un centro infantil para presenciar el alboroto y el jolgorio que forman al encontrarse.
¿Y los abuelos entre sus coetáneos? Aquí los protagonistas son las batallitas y los achaques. Justo después de haber vanagloriado a sus nietos, que si alguien no tiene modestia es porque no tiene abuelos.
Pues nada más. Me despido saludándole atentamente y deseándole un buen día.
Por esto me he parado a pensar en la forma de saludarse que tiene la gente y he aquí mis conjeturas:
Los hombres, entre sí, tienen otro código. Para saludarse basta con darse unos golpecillos en el hombro o darse la mano. En ocasiones apenan pronuncian un escaso: "Ey".
Las mujeres somos más habladoras. Normalmente nos extendemos cuando nos encontramos con un conocido. Hacemos un balance de nuestras vidas tras haber estado meses sin saber de la otra persona. Encontrarse casualmente con una amiga en el supermercado o en la calle implica cierto retraso asegurado en los planes previamente establecidos.
¿Y cómo se saludan los niños? Son amigos, sinceros, espontáneos y muestran a flor de piel sus sentimientos. Basta con ir a un centro infantil para presenciar el alboroto y el jolgorio que forman al encontrarse.
¿Y los abuelos entre sus coetáneos? Aquí los protagonistas son las batallitas y los achaques. Justo después de haber vanagloriado a sus nietos, que si alguien no tiene modestia es porque no tiene abuelos.
Pues nada más. Me despido saludándole atentamente y deseándole un buen día.
domingo, 30 de agosto de 2015
Comida de por medio
En nuestra cultura el acto de reunirse y celebrar está estrictamente relacionado con la comida. Cumpleaños, bodas, comuniones y otro tipo de eventos no se entienden sin un brindis y aunque sea un mínimo aperitivo.
Este hecho está tan intrínsecamente asentado en nuestra sociedad que las personas que tienen algún trastorno alimentario tienen limitadas sus relaciones interpersonales. No haríamos los mismos planes si en lugar de coincidir con nuestros familiares para compartir un almuerzo, un café o una copa, quedásemos para pasear o exclusivamente para dialogar. De hecho, algunas conversaciones serían inviables sin un refrigerio de por medio.
Cuando llega una visita a una casa lo primero que realizamos es el ofrecimiento de tomar algo. Y es que la invitación a compartir momentos a la mesa es una forma de relacionarnos, como decía, bien instaurada entre nosotros. Sigamos brindando y que no falte el piscolabis.
Este hecho está tan intrínsecamente asentado en nuestra sociedad que las personas que tienen algún trastorno alimentario tienen limitadas sus relaciones interpersonales. No haríamos los mismos planes si en lugar de coincidir con nuestros familiares para compartir un almuerzo, un café o una copa, quedásemos para pasear o exclusivamente para dialogar. De hecho, algunas conversaciones serían inviables sin un refrigerio de por medio.
Cuando llega una visita a una casa lo primero que realizamos es el ofrecimiento de tomar algo. Y es que la invitación a compartir momentos a la mesa es una forma de relacionarnos, como decía, bien instaurada entre nosotros. Sigamos brindando y que no falte el piscolabis.
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