| Vendedora en un puesto de esmaltes de uñas en el rastro de Santa Cruz de Tenerife. |
Lo que me ha quedado claro es que es un oficio arriesgado. En muchas ocasiones no hay alternativa. Tienen que estar de sol a sol vendiendo los productos para poder alimentar a sus familias. Algunos de ellos han logrado hacerse con una clientela fija, que confía en ellos y adquiere lo que venden.
Si quieres ver las fotografías y conocer en detalle a los protagonistas, no dudes en leer el reportaje en http://canarias3puntocero.info/10690/

