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martes, 18 de septiembre de 2018

La espera

Nuestro sistema nervioso, en perfecta conjunción con el cerebro, se manifiesta en algunas personas con más evidencias que en otras; es decir, hay quienes son individuos más nerviosos, susceptibles y otros que son prácticamente inalterables.

Me he dado cuenta  de que los trabajadores de ciertos establecimientos se ponen nerviosos cuando hay una gran cantidad de personas esperando a ser atendidas. Es una circunstancia normal cuando miras hacia adelante y ves que hay decenas de personas esperando y que ponen mala cara. Por más que intentes recibirles con una sonrisa, esa actitud no es correspondida.

Una actitud distinta creo que se produce en un centro médico u hospitalario. Los pacientes se quejan, manifiestan su malestar a auxiliares y enfermeros, pero no suele ser así cuando por fin son atendidos por el médico, por más que lleven unas horas esperando.

Normalmente las categorías más bajas laboralmente son las que aguantan el chaparrón y son quienes reciben quejas y hasta amenazas de los clientes, como ocurre con secretarias, cajeros, etc. Una vez se persona el alto mando, la persona ya se ha descargado previamente y es más pacífica.

Me vienen a la cabeza los teleoperadores o los comerciales de calle, que tienen un trabajo poco reconocido y mal valorado. Los clientes no suelen ser nada empáticos con ellos. Muchas veces les evitan, les dicen mentiras, reciben burlas, etc.

Debemos dirigirnos con el mismo respeto a un trabajador raso que a un alto directivo. En la mayoría de ocasiones, los primeros son simplemente transmisores del mensaje que la empresa nos quiere hacer llegar, aunque muchas veces no sea agradable o no nos interese.




sábado, 19 de marzo de 2016

Sala de espera

Hace unos días estuve un rato en una sala de espera de un centro de salud público. La doctora llamó a varios pacientes que fueron entrando en orden para ser atendidos y mientras tanto los que esperaban intentaban matar el tiempo.

Algunos se entretenían con el teléfono móvil, tengo que decir que la mayoría. Llegué a contar trece personas en la sala y de ellas ocho consultamos el móvil. Es un refugio, una vía de escape, una forma de llevar la espera de manera más amena. Raras veces existe la posibilidad de conversar con otros pacientes, porque no se conocen y el diálogo no podría ir mucho más lejos del estado del tiempo o alguna cuestión relacionada con el centro.

Al poco tiempo llegó un niño acompañando a sus padres y pasó a ser el centro de atención con sus juegos y guiños. Le quitó relevancia al teléfono. Muchos preferimos ser cómplices de las travesuras del pequeño, que hizo la espera mucho más agradable.

La lectura podría ser otra alternativa, pero se la debe llevar desde casa, porque en los centros sanitarios no se dispone ni de un triste folleto para entretenerse. Podría implantarse la idea de ceder varios libros que estén disponibles para quienes esperan. Mientras tanto, seguiremos mirando el WhatsApp.

domingo, 11 de octubre de 2015

Te invitamos a café



Esta semana me llegó a casa la notificación para recordarme que próximamente debo llevar mi coche a pasar la Inspección Técnica de Vehículos (ITV). Con la reciente implantación de nuevas instalaciones en las Islas, parece haberse convertido en una cuestión de competencia que acudas a la estación de siempre.

Además de garantizarme la premura en la atención y evitar largas esperas, me adelantan en la carta de aviso que me invitarán a café en la sala de estar mientras revisan mi vehículo. Me ha parecido curioso; no creo que se trate de un reclamo, pero es una atención hacia el cliente. Sólo espero que el gesto para conservar asiduos no interfiera en la supervisión técnica.

Ante todo debe primar la seguridad. Me consta que la primera vez que acudí fueron bastante rigurosos. Se aseguraron de comprobar el número de bastidor, que en algunos casos se encuentra oculto en sitios que sólo los técnicos conocen. La más absoluta minuciosidad para verificar el estado de las luces, los frenos o los neumáticos.

He escuchado comentarios acerca de las nuevas estaciones. En algunas ni siquiera necesitas contar con cita previa, sino que realizan la inspección en el momento que decidas llevar tu vehículo. Ahora bien, si le ponen pegas, de vuelta al taller. Tal vez allí le inviten a las pastas.