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martes, 28 de noviembre de 2017

Preocuparse

Es condición de la raza humana preocuparse por asuntos que nos conciernen a nosotros mismos o a nuestros allegados, en los que muchas veces no podemos interferir.

He leído aportaciones de algunos críticos y estudiosos de la psique que defienden que las preocupaciones y la culpabilidad son conductas que hemos heredado y asimilado sin discutir. Por ejemplo, yo tengo que sentirme mal si despiden a un compañero de trabajo. Seguramente no me guste la idea, pero como me sienta yo no va a cambiar para nada el resultado. He puesto sólo un ejemplo, pero sería aplicable a cualquier otro caso: la enfermedad de un familiar o que me estafen en el supermercado.

Nos hemos nutrido socialmente de actitudes y modos que repetimos sin cuestionarnos por qué. El estado esencial y genuino es el de un niño, es nuestro yo más puro, lejos de convencionalismos. Un niño grita cuando le apetece gritar o come cuando quiere comer. Una vez que nos educan vamos perdiendo también la espontaneidad que nos caracteriza para ir adoptando formas estereotipadas de comportamiento. Perdemos naturalidad y adquirimos pautas de comportamiento y una de ellas es preocuparnos y perder el sueño por asuntos que nos vienen grandes, o pequeños...

lunes, 6 de noviembre de 2017

Madrugar

A todos se nos pegan las sábanas por la mañana y es fácil sucumbir a quedarse unos minutos más en la cama, pero alunas veces hay quienes parece que no madrugan lo suficiente y circulan por la carretera sembrando el pánico al volante. 

He visto, como seguramente ustedes, adelantamientos imprudentes y conductores que presionan a quienes los preceden porque simplemente no se han levantado a tiempo. En ocasiones el peligro ha sido notorio y produce el malestar entre los hijos de vecinos que procuramos cumplir las normas, a pesar de que también podemos retrasarnos. 

Mención aparte merecen las recurrentes colas que sufren los conductores que transitan la TF-5 y que en mi opinión es una merma de la calidad de vida, porque el tiempo de todos es igual de valioso.

domingo, 12 de enero de 2014

Un país incivilizado

Podríamos vivir en un país muy correcto, civilizado, con normas de comportamiento establecidas y cumplidas, como en los países nórdicos, donde la educación es tremendamente superior a la española, el salario mínimo lo triplica y la convivencia es exquisita. Luego habrá quien defienda las tapas y el vino de la tierra como justificación o excusa, como Ana Rosa Quintana.

Banco de una avenida que han estropeado y ya no es útil


Pero no. Vivimos en el sur, al calor del sol y a la orilla del Mediterráneo y por eso digamos que somos más rebeldes, más festivos y menos educados. En España nadie respeta nada. No importa dejar el coche mal aparcado, que el perro cague en la calle y dejar los excrementos en el suelo, no existe un especial cuidado en reciclar la basura (que es un acto totalmente voluntario), se hace caso omiso al cambio climático, no se respeta a los mayores y cientos de actuaciones más que se repiten a diario.
Contenedores de reciclaje rodeados basura tirada en el suelo


En este país se destroza el mobiliario urbano, no se tienen en cuenta los turnos, porque en cualquier cola siempre llega alguien que sólo va a hacer una pregunta. Aquí, donde los recortes presupuestarios van a la par que el nivel de corrupción, se lo llevan calentito y la justicia es más ciega que en ningún otro sitio. No es cuestión de coordenadas ni de climatología, es cuestión de educación.

Bienvenido a España, a la tierra de la buena comida y de la buena gente, del flamenco y la música, pero también al país en la sombra, el que ha ido perdiendo derechos y libertades a golpe de reformas y decretos. Venga a tomar sol y a emborracharse, pero no espere encontrar una cultura y sanidad rimbombantes, porque no las tenemos.