Estos días estamos despidiendo el año 2018. Todos los años se acaban, pero unos nos marcan más que otros. Éste ha sido un año de reivindicación, de lucha feminista, de convulsión política, de agitación social y sólo espero que marque las bases para un 2019 más tranquilo pero más pasional, donde defender lo que merecemos y apostar por lo que necesitamos.
Que llegue un año protagonizado por el crecimiento del empleo de calidad, de igualdad salarial, de acogida a quienes buscan una oportunidad, de mejora de la educación, de más inversión en las políticas sanitarias y en el ciudado de los mayores, de respeto medioambiental. Que se reduzcan a cero las muertes violentas y que crezcamos como una sociedad de futuro.
Mis buenos deseos para todos y mis esperanzas en lo que deposito la confianza.
El día 1 de enero no se publican los periódicos en papel. Bien. Pues como "hoy no es uno de enero" este espacio servirá para publicar comentarios, reflexiones o apuntes del día a día que susciten interés.
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domingo, 30 de diciembre de 2018
Despidiendo
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domingo, 28 de diciembre de 2014
Nadie me convence
Que el año venidero va a ser bueno, mejor, y que la crisis es historia del pasado son las declaraciones que ha ofrecido el presidente del Gobierno de España. Buenas expectativas, si fueran ciertas.
Lo digo porque yo no me lo creo. No mientras sigan existiendo familias completas en desempleo, mientras un trabajador mileurista no pueda permitirse una cena de Navidad porque viva asfixiado por la hipoteca y los gastos domésticos. Éstos son casos reales. Y Rajoy dice que no hace un discurso triunfalista, sino realista. Yo le enseño lo que es realidad, lo que vive la gente en la calle cada día.
Asistir a un centro de salud en Nochebuena, que esté totalmente colapsado de pacientes en la sala de espera y que un señor sufra un ataque de asma mientras espera su turno, que casi le cuesta la vida y que dio un buen susto al resto de personas que permanecían en la estancia. Eso es verdad, es realidad, sucede y no es historia del pasado. Es la consecuencia de los recortes que se han producido en el área de Sanidad y la reducción del personal sanitario.
Me dan igual los eslóganes, las promesas y las cifras. Yo sí que exijo realidad. Exijo que no nos mientan, porque seguirá existiendo la crisis mientras que haya quien la siga padeciendo y, por desgracia, es tremendamente sencillo dar fe de ello.
Lo digo porque yo no me lo creo. No mientras sigan existiendo familias completas en desempleo, mientras un trabajador mileurista no pueda permitirse una cena de Navidad porque viva asfixiado por la hipoteca y los gastos domésticos. Éstos son casos reales. Y Rajoy dice que no hace un discurso triunfalista, sino realista. Yo le enseño lo que es realidad, lo que vive la gente en la calle cada día.
Asistir a un centro de salud en Nochebuena, que esté totalmente colapsado de pacientes en la sala de espera y que un señor sufra un ataque de asma mientras espera su turno, que casi le cuesta la vida y que dio un buen susto al resto de personas que permanecían en la estancia. Eso es verdad, es realidad, sucede y no es historia del pasado. Es la consecuencia de los recortes que se han producido en el área de Sanidad y la reducción del personal sanitario.
Me dan igual los eslóganes, las promesas y las cifras. Yo sí que exijo realidad. Exijo que no nos mientan, porque seguirá existiendo la crisis mientras que haya quien la siga padeciendo y, por desgracia, es tremendamente sencillo dar fe de ello.
domingo, 12 de enero de 2014
Un país incivilizado
Podríamos vivir en un país muy correcto, civilizado, con normas de comportamiento establecidas y cumplidas, como en los países nórdicos, donde la educación es tremendamente superior a la española, el salario mínimo lo triplica y la convivencia es exquisita. Luego habrá quien defienda las tapas y el vino de la tierra como justificación o excusa, como Ana Rosa Quintana.
Pero no. Vivimos en el sur, al calor del sol y a la orilla del Mediterráneo y por eso digamos que somos más rebeldes, más festivos y menos educados. En España nadie respeta nada. No importa dejar el coche mal aparcado, que el perro cague en la calle y dejar los excrementos en el suelo, no existe un especial cuidado en reciclar la basura (que es un acto totalmente voluntario), se hace caso omiso al cambio climático, no se respeta a los mayores y cientos de actuaciones más que se repiten a diario.
En este país se destroza el mobiliario urbano, no se tienen en cuenta los turnos, porque en cualquier cola siempre llega alguien que sólo va a hacer una pregunta. Aquí, donde los recortes presupuestarios van a la par que el nivel de corrupción, se lo llevan calentito y la justicia es más ciega que en ningún otro sitio. No es cuestión de coordenadas ni de climatología, es cuestión de educación.
Bienvenido a España, a la tierra de la buena comida y de la buena gente, del flamenco y la música, pero también al país en la sombra, el que ha ido perdiendo derechos y libertades a golpe de reformas y decretos. Venga a tomar sol y a emborracharse, pero no espere encontrar una cultura y sanidad rimbombantes, porque no las tenemos.
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| Banco de una avenida que han estropeado y ya no es útil |
Pero no. Vivimos en el sur, al calor del sol y a la orilla del Mediterráneo y por eso digamos que somos más rebeldes, más festivos y menos educados. En España nadie respeta nada. No importa dejar el coche mal aparcado, que el perro cague en la calle y dejar los excrementos en el suelo, no existe un especial cuidado en reciclar la basura (que es un acto totalmente voluntario), se hace caso omiso al cambio climático, no se respeta a los mayores y cientos de actuaciones más que se repiten a diario.
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| Contenedores de reciclaje rodeados basura tirada en el suelo |
En este país se destroza el mobiliario urbano, no se tienen en cuenta los turnos, porque en cualquier cola siempre llega alguien que sólo va a hacer una pregunta. Aquí, donde los recortes presupuestarios van a la par que el nivel de corrupción, se lo llevan calentito y la justicia es más ciega que en ningún otro sitio. No es cuestión de coordenadas ni de climatología, es cuestión de educación.
Bienvenido a España, a la tierra de la buena comida y de la buena gente, del flamenco y la música, pero también al país en la sombra, el que ha ido perdiendo derechos y libertades a golpe de reformas y decretos. Venga a tomar sol y a emborracharse, pero no espere encontrar una cultura y sanidad rimbombantes, porque no las tenemos.
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