Ahora, que hace años que vivimos inmiscuidos en las redes sociales, tenemos una imagen gráfica de cómo son los veranos. "Veraneo" llamaría yo a la suma del verano y postureo porque ¿qué sería de nosotros sin las fotos de los pies sobre la arena, las bebidas refrescantes, los atardeceres, las imágenes de la costa?
¿Se acuerdan de cuando no había postureo? Eran tiempos en los que se disfrutaba de las vacaciones sin más, sin fotografías que dieran testimonio. A mí, no sé si por nostálgica, me parecían más auténticos, las tardes de verano eran idílicas y sobre todo eran tuyas.
Hoy la privacidad en las playas es casi imposible. Lo digo porque recorrí a pie varios kilómetros para llegar a una cala y cuando me tendí sobre la toalla vi un dron sobrevolando mi cabeza. Se ha perdido el encanto. Las imágenes no nos las llevamos en la retina, sino que el dominio de lo digital ha llegado aún a lugares poco accesibles y lo hace desde las alturas.
El día 1 de enero no se publican los periódicos en papel. Bien. Pues como "hoy no es uno de enero" este espacio servirá para publicar comentarios, reflexiones o apuntes del día a día que susciten interés.
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domingo, 5 de agosto de 2018
domingo, 6 de mayo de 2018
Fotos de estudio
Este fin de semana vi en una playa a una niña vestida de comunión realizándose una sesión de fotos. El contraste entre el vestido blanco y la arena negra volcánica es precioso y las fotografías en un entorno natural quedan espectaculares. La niña jugaba en la orilla, corría y movía su vestido mojando el bajo con el movimiento de la marea. Yo sólo pensaba en cuánto le costaría la tintorería para adecentarlo.
Recordé la diferencia con las fotografías de mi comunión. Hace unas décadas la sesión fotográfica se hacía en un estudio posando con diferentes objetos, entre ellos una manida paloma, muy recurrente. El fondo era un paisaje que se disponía en la parte trasera a modo de cortina. Se posaba con uvas, una cruz, una Biblia dorada, etc. Lo peor era que la instantánea pasaría años colgada en el salón de casa con la cara de niña buena.
Las bodas también han salido a la calle. Se ha innovado, se ha pasado de los jardines a sacarse fotos modernas, con novias con un vestido pomposo y unos tenis rojos, o la pareja tumbada sobre un tronco en medio de un bosque...
Me encanta el cambio. Me gusta lo fresco, lo natural y aplaudo que se haya renovado la fotografía, porque es un arte que atrae y que ha pasado del mero postureo a captar cualquier instante sencillo, cotidiano y natural. Obvia es la mención a los filtros que nos ofrecen distintos programas y que han hecho de la fotografía un campo con mucho interés y también con bastante intrusismo.
Recordé la diferencia con las fotografías de mi comunión. Hace unas décadas la sesión fotográfica se hacía en un estudio posando con diferentes objetos, entre ellos una manida paloma, muy recurrente. El fondo era un paisaje que se disponía en la parte trasera a modo de cortina. Se posaba con uvas, una cruz, una Biblia dorada, etc. Lo peor era que la instantánea pasaría años colgada en el salón de casa con la cara de niña buena.
Las bodas también han salido a la calle. Se ha innovado, se ha pasado de los jardines a sacarse fotos modernas, con novias con un vestido pomposo y unos tenis rojos, o la pareja tumbada sobre un tronco en medio de un bosque...
Me encanta el cambio. Me gusta lo fresco, lo natural y aplaudo que se haya renovado la fotografía, porque es un arte que atrae y que ha pasado del mero postureo a captar cualquier instante sencillo, cotidiano y natural. Obvia es la mención a los filtros que nos ofrecen distintos programas y que han hecho de la fotografía un campo con mucho interés y también con bastante intrusismo.
martes, 10 de enero de 2017
Al detalle
La incidencia de las redes sociales y su carácter audiovisual han determinado un cambio sustancial en nuestra manera de actuar y nuestro comportamiento. Además de la constante publicación de aspectos privados, en mayor o menor medida y siempre bajo la responsabilidad del usuario, han significado que estemos al tanto de la evolución de las vidas de nuestros prójimos.
En el uso personal que hago de ellas distingo Facebook como la primera conocida y la más popular, Twitter como más noticiosa e Instagram como un álbum gigante de colección de momentos. Me detengo en esta última porque creo que la captación de la instantánea ha variado para todos en las últimas décadas. Cuando antes retratábamos una reunión familiar con las cámaras a carrete, ahora nos detenemos ante una flor, una manzana o una nube tras el teléfono móvil.
Creo que ha hecho variar nuestro concepto de la fotografía y en cierto punto ha podido despertar la creatividad y desviar la atención ante elementos comunes o sutiles. Todo a nuestro alcance y prácticamente sin límites. Obviamente distingo el trabajo de los profesionales de la imagen, pero la comodidad del acceso ha incitado en muchos la curiosidad y la atracción por las pequeñas cosas.
En el uso personal que hago de ellas distingo Facebook como la primera conocida y la más popular, Twitter como más noticiosa e Instagram como un álbum gigante de colección de momentos. Me detengo en esta última porque creo que la captación de la instantánea ha variado para todos en las últimas décadas. Cuando antes retratábamos una reunión familiar con las cámaras a carrete, ahora nos detenemos ante una flor, una manzana o una nube tras el teléfono móvil.
Creo que ha hecho variar nuestro concepto de la fotografía y en cierto punto ha podido despertar la creatividad y desviar la atención ante elementos comunes o sutiles. Todo a nuestro alcance y prácticamente sin límites. Obviamente distingo el trabajo de los profesionales de la imagen, pero la comodidad del acceso ha incitado en muchos la curiosidad y la atracción por las pequeñas cosas.
lunes, 15 de septiembre de 2014
Fotos y fotos
Se considere usted amante de la fotografía, un mero aficionado o tenga terror a las cámaras, seguro que le han retratado en más de una ocasión. Ya sea para tener recuerdos familiares o para ampliar el álbum de fotos digital que ocupa las memorias de ordenadores y teléfonos móviles. Y es que revelarlas ha pasado a un segundo plano.
Nadie se escapa de las fotos y hay quien piensa que si no publica imágenes que den fe de todo lo que hace en su día cotidiano no tiene vida. Seguro que conoce a alguien así, que le hace partícipe desde lo que ha comido, dónde ha pasado su tiempo libre y haciendo qué y hasta posa para mostrarle a todos sus contactos virtuales el nuevo modelito que ha adquirido.
Las redes sociales se hacen especial eco de este fenómeno. Hasta hay una de ellas específica para instantáneas. Hablo de Instagram, la cual he descubuierto recientemente y me gusta bastante. En este caso abundan fotos profesionales, curiosas o detallistas y permite emplear varios efectos.
La tecnología para captar imágenes ha variado considerablemente. Comenzaron con cámaras sencillas, proliferaron las ópticas y hoy es muy común obtener fotografías mediante dispositivos móviles (teléfonos, tabletas, etc.). Qué nostalgia me transmiten las cámaras artesanales que fabricábamos en clase de fotografía con una caja de cartón pintada de negro.
Sea como sea, las imágenes forman parte de nuestra vida. Sirven para identificarnos, desde el DNI hasta el currículum vitae. En ésas no solemos salir muy favorecidos, siempre se podría cambiar por una pose poniendo morritos, como hacen algunos.
Nadie se escapa de las fotos y hay quien piensa que si no publica imágenes que den fe de todo lo que hace en su día cotidiano no tiene vida. Seguro que conoce a alguien así, que le hace partícipe desde lo que ha comido, dónde ha pasado su tiempo libre y haciendo qué y hasta posa para mostrarle a todos sus contactos virtuales el nuevo modelito que ha adquirido.
Las redes sociales se hacen especial eco de este fenómeno. Hasta hay una de ellas específica para instantáneas. Hablo de Instagram, la cual he descubuierto recientemente y me gusta bastante. En este caso abundan fotos profesionales, curiosas o detallistas y permite emplear varios efectos.
La tecnología para captar imágenes ha variado considerablemente. Comenzaron con cámaras sencillas, proliferaron las ópticas y hoy es muy común obtener fotografías mediante dispositivos móviles (teléfonos, tabletas, etc.). Qué nostalgia me transmiten las cámaras artesanales que fabricábamos en clase de fotografía con una caja de cartón pintada de negro.
Sea como sea, las imágenes forman parte de nuestra vida. Sirven para identificarnos, desde el DNI hasta el currículum vitae. En ésas no solemos salir muy favorecidos, siempre se podría cambiar por una pose poniendo morritos, como hacen algunos.
lunes, 24 de marzo de 2014
Con otros ojos
Hace unos años descubrí una bonita forma de mirar el día a día, de sobrevivir a la rutina y de sacar de cada jornada un momento provechoso y hasta satisfactorio. No es otra manera que mirar la vida con otros ojos, pero no con unos ojos cualquiera. Yo diría que se trata de los ojos de un fotógrafo.
Cada día, cuando salgo a la calle miro a mi alrededor y poniendo un poco de atención, soy capaz de vislumbrar un momento, un gesto, una paisaje, cualquier escena por anodina que parezca, que mirada de forma individual, sacada de contexto, podría tratarse de una obra de arte. Para mí podrían ser instantáneas de mi manera peculiar de ver el mundo, tan singular y tan atrayente.
Un día me fijo en la mirada desesperada de un colegial que en la parada de guaguas junto a su padre. En otra ocasión reparo en una bandada de pájaros que surcan el cielo de un atardecer rojizo. Un anochecer percibo a una anciana que camina presurosa con un maletín en las manos y que va ataviada con un vestido color ocre y unos calcetines blancos con rayas verdes.
Si eres un poquito curioso, te recomiendo que practiques esta técnica. Seguro que te sorprenderá la miscelánea de momentos, personas y espacios con los que te cruzas a diario. Yo no tengo ni que pensarlo, simplemente voy caminando o conduciendo y veo algo que llama mi atención. Es entonces cuando me doy cuenta de que ésa es la imagen de ese día. Alguien la ha puesto ahí delante para contemplarla.
Cada día, cuando salgo a la calle miro a mi alrededor y poniendo un poco de atención, soy capaz de vislumbrar un momento, un gesto, una paisaje, cualquier escena por anodina que parezca, que mirada de forma individual, sacada de contexto, podría tratarse de una obra de arte. Para mí podrían ser instantáneas de mi manera peculiar de ver el mundo, tan singular y tan atrayente.
Un día me fijo en la mirada desesperada de un colegial que en la parada de guaguas junto a su padre. En otra ocasión reparo en una bandada de pájaros que surcan el cielo de un atardecer rojizo. Un anochecer percibo a una anciana que camina presurosa con un maletín en las manos y que va ataviada con un vestido color ocre y unos calcetines blancos con rayas verdes.
Si eres un poquito curioso, te recomiendo que practiques esta técnica. Seguro que te sorprenderá la miscelánea de momentos, personas y espacios con los que te cruzas a diario. Yo no tengo ni que pensarlo, simplemente voy caminando o conduciendo y veo algo que llama mi atención. Es entonces cuando me doy cuenta de que ésa es la imagen de ese día. Alguien la ha puesto ahí delante para contemplarla.
martes, 30 de julio de 2013
Manos arriba
Hablando estos días con uno de los contactos de mis reportajes, me ha hecho recaer en una idea que considero que es poco reconocida. Todos tenemos la costumbre de hacer fotografías de nuestro día a día, de singularidades que apreciamos y que hoy están a nuestro alcance, más si cabe, gracias a los dispositivos electrónicos.
Cámaras digitales y teléfonos de última generación son los capturadores de la presa fácil. ¿Quién no ha sacado una foto con el móvil y la ha dispuesto en una red social? Pues bien, aquí empieza la reflexión. En estas plataformas también existe la opción de ver y compartir las instantáneas de nuestros amigos, que al ser publicadas son, por ende, públicas.
El contacto en cuestión se dedica a la fotografía de manera profesional y me ha hecho saber el poco respeto que se muestra a su trabajo y la facilidad con la que la gente le solicita sus fotos, sin recaer en que a eso dedica su tiempo y su esfuerzo.
Para los fotógrafos sus obras constituyen un sustento económico y al publicarlas pierden en muchos casos los derechos de autor que se le presuponen.
Desde aquí muestro mi respeto por los profesionales gráficos que tan buen trabajo hacen y a los que encumbro como profesionales. A los que cada vez que pulsan el botón, el "manos arriba" se les revierte.
Cámaras digitales y teléfonos de última generación son los capturadores de la presa fácil. ¿Quién no ha sacado una foto con el móvil y la ha dispuesto en una red social? Pues bien, aquí empieza la reflexión. En estas plataformas también existe la opción de ver y compartir las instantáneas de nuestros amigos, que al ser publicadas son, por ende, públicas.
El contacto en cuestión se dedica a la fotografía de manera profesional y me ha hecho saber el poco respeto que se muestra a su trabajo y la facilidad con la que la gente le solicita sus fotos, sin recaer en que a eso dedica su tiempo y su esfuerzo.
Para los fotógrafos sus obras constituyen un sustento económico y al publicarlas pierden en muchos casos los derechos de autor que se le presuponen.
Desde aquí muestro mi respeto por los profesionales gráficos que tan buen trabajo hacen y a los que encumbro como profesionales. A los que cada vez que pulsan el botón, el "manos arriba" se les revierte.
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