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jueves, 27 de septiembre de 2018

Influencer

Con el apogeo de las redes sociales donde prevalece la imagen vino la aparición de los denominados influencers. Está demostrado que la imagen vende, y si tu producto lo muestra alguien con tirón mediático, ya se vende solo.

Ropa, bolsos, joyas y hasta productos para el hogar. Si lo lleva o lo usa un famoso, la gente quiere comprarlo. En ocasiones a las marcas comerciales les basta con brindarles un pack de cremas o un alimento para que se publique en redes sociales y todo el mundo quiera adquirirlo.

Es un método publicitario diferente pero que funciona. Hasta los pequeños negocios se han hecho eco siempre de la visita de una persona distinguida a su establecimiento. Cómo muestra están las fotografías que podemos ver en restaurantes, hoteles, etc.

La influencia trae beneficios y vaya que sí.

domingo, 5 de agosto de 2018

Veraneo

Ahora, que hace años que vivimos inmiscuidos en las redes sociales, tenemos una imagen gráfica de cómo son los veranos. "Veraneo" llamaría yo a la suma del verano y postureo porque ¿qué sería de nosotros sin las fotos de los pies sobre la arena, las bebidas refrescantes, los atardeceres, las imágenes de la costa?

¿Se acuerdan de cuando no había postureo? Eran tiempos en los que se disfrutaba de las vacaciones sin más, sin fotografías que dieran testimonio. A mí, no sé si por nostálgica, me parecían más auténticos, las tardes de verano eran idílicas y sobre todo eran tuyas.

Hoy la privacidad en las playas es casi imposible. Lo digo porque recorrí a pie varios kilómetros para llegar a una cala y cuando me tendí sobre la toalla vi un dron sobrevolando mi cabeza. Se ha perdido el encanto.  Las imágenes no nos las llevamos en la retina, sino que el dominio de lo digital ha llegado aún a lugares poco accesibles y lo hace desde las alturas.

martes, 25 de julio de 2017

Comparte

Hace unos años compartir se refería a darle a tu compañero de clase medio bocata en el recreo o a intercambiar cromos con tus amigos. Hoy el significado de compartir se ha mediatizado básicamente por la incidencia de los medios de masas.

Las redes sociales nos invitan cada día a compartir nuestras fotos, nuestro estado de ánimo, nuestra opinión y hasta nos recuerda los cumpleaños de nuestros contactos. Así, miles de personas pueden conocer qué tal nos lo pasamos en nuestras vacaciones o cuál es nuestra reacción ante un gran suceso. Todos esos datos, a los que apenas prestamos atención, son muy útiles para empresas que gestionan esa información sobre nosotros para comercializar. A todos nos han propuesto productos de nuestro interés sin haberlo solicitado.

En la era de la información compartimos con perdonas ajenas nuesteas fotos y anécdotas pero a veces no tenemos tiempo para compartir con quienes valoran nuestra presencia. Y eso, por desgracia, también nos pasa a todos.

martes, 6 de junio de 2017

Defínete

Una de las redes sociales que utilizo me recuerda que hace meses que no actualizo mi perfil y me sugiere que me defina para proporcionar más información sobre mí. Es algo que no sé ni cómo lo haría.

He visto perfiles de gente con frases muy frescas y graciosas hablando sobre sí mismos y hace pocos días leí el de una chica en Twitter que se presentaba como "científica fracasada". Me pareció chocante definirse así abiertamente. Luego se daba una segunda oportunidad diciendo que es amante de la fotografía. Quizás yo hubiera sido más condescendiente, a pesar de que en ocasiones haya pensado como ella, pero mi fracaso no puede depender exclusivamente del éxito profesional. Sé que soy válida, quienes no me conocen son quienes no lo saben.

Bueno, volviendo a mi definición, ¿quién soy yo? Creo que una miscelánea, un acopio de lo que me gusta, de lo que me he formado, de lo que he adquirido y lo que he heredado. Una mujer con aspiraciones, inconformista, con ganas de aprender, de acrecentar mis metas... ¿Cómo te defines tú?

martes, 10 de enero de 2017

Al detalle

La incidencia de las redes sociales y su carácter audiovisual han determinado un cambio sustancial en nuestra manera de actuar y nuestro comportamiento. Además de la constante publicación de aspectos privados, en mayor o menor medida y siempre bajo la responsabilidad del usuario, han significado que estemos al tanto de la evolución de las vidas de nuestros prójimos.

En el uso personal que hago de ellas distingo Facebook como la primera conocida y la más popular, Twitter como más noticiosa e Instagram como un álbum gigante de colección de momentos. Me detengo en esta última porque creo que la captación de la instantánea ha variado para todos en las últimas décadas. Cuando antes retratábamos una reunión familiar con las cámaras a carrete, ahora nos detenemos ante una flor, una manzana o una nube tras el teléfono móvil.

Creo que ha hecho variar nuestro concepto de la fotografía y en cierto punto ha podido despertar la creatividad y desviar la atención ante elementos comunes o sutiles. Todo a nuestro alcance y prácticamente sin límites. Obviamente distingo el trabajo de los profesionales de la imagen, pero la comodidad del acceso ha incitado en muchos la curiosidad y la atracción por las pequeñas cosas.

sábado, 27 de febrero de 2016

Nieve y Facebook

Tras la importante nevada que ha acontecido este mes de febrero en Tenerife, son muchos los ciudadanos que quieren acercarse a las cumbres de la isla para ver la nieve. El motivo principal, más allá de disfrutar de una jornada invernal, es la inevitable foto con el fondo blanco para que la visualicen los contactos de Facebook o cualquier otra red social.

La publicación de la imagen me cuestiono si será para evidenciar la visita y dar constancia de cualquier cosa nueva que se haga, por anodina que sea. Ejemplo de ello son las constantes fotografías de comidas, salidas y la detallada vida social de la que muchas personas dan cuenta, pensando tal vez que quienes no lo hacen no disfrutan de su tiempo de ocio.

Aún estaban restringidos los accesos a El Teide y ya la mayoría de tinerfeños podía disfrutar de instantáneas de la cumbre nevada, como desde hace muchos años no ocurría. Todo ello gracias a los trabajadores del Parque Nacional que ejercieron de cronistas del momento. Poder disfrutar de ese testimonio es una virtud y la aplaudo. Lo que no comparto es la utilización de las redes sociales para divulgar contenidos desagradables, donde se maltratan niños o animales y que se reproducen automáticamente.




domingo, 15 de noviembre de 2015

Una masacre cercana

Los actos de atentado que se produjeron la noche del viernes en París han causado la indignación, la preocupación y la alarma en miles de ciudadanos europeos. Inmediatamente las redes sociales se llenaron de mensajes de apoyo. Yo también lo he hecho porque no concibo la barbarie en ningún término y menos en nombre de un Dios, sea cual sea.

Lo único que me he cuestionado es si haríamos lo mismo y nos solidarizáramos en la misma medida en el caso de que el atentado hubiera ocurrido en un país más lejano. En Siria se suceden centenares de muertes al día y no he visto un hastag que reivindique sumarse a la causa o facebook facilite añadir a tu perfil la bandera de la población afectada.

Simplemente me planteo que nos duela porque ha sido cerca, porque muchos europeos han estado o han pensado viajar a París. Y con ello no le resto gravedad, sino que intento entendernos. Las vidas valen lo mismo de donde quiera que procedan y los malos no lo son todos porque vengan del mismo sitio. Que en este caso no paguen justos por pecadores, porque eso es exactamente lo que estamos lamentando.

jueves, 30 de abril de 2015

Mirones

Resulta ser que hay hoy en día nuevos mirones. No me refiero a los vecinos cotillas que se asoman a la ventana corriendo un poquito la cortina o los que se esconden tras las paredes a escuchar conversaciones ajenas. Hay mirones y juzgadores on-line.

Hay quien se crea un perfil en las redes sociales con la única intención de acceder a la información de todos sus contactos. No publican ni comentan las fotografías o los estados de sus amigos y mucho menos hacen saber que han visto ese contenido. Acceden exclusivamente a las redes con el objeto de saber de los demás.

No escriben ni varían en lo más mínimo su perfil, con lo que parece ser que no utilizan estas plataformas digitales, pero lo hacen con mucha más asiduidad que cualquier usuario corriente, sólo que no dejan huella de su presencia.

Pues a ellos, a los mirones, saludos desde mi emplazamiento y un consejo: más vale vivir que mirar. Pero recuerde: "A fuerza de mirar, uno se olvida de que puede ser también objeto de miradas".

martes, 24 de marzo de 2015

¿No lo has visto?

¿Aún no lo has visto? Es increíble. Es de lo que habla todo el mundo. Miles y miles de "me gusta" y contenidos retuiteados por multitud de seguidores de unos y otros. Es el mundo de las redes, un entretejido virtual, social y de un alto componente sociológico, sin duda.

Historias triviales han cobrado un protagonismo desmesurado, que no se entendería fuera de este contexto. Me remito, por ejemplo, al caso del famoso vestido del que todo hijo de vecino examinó su color. Hasta conocemos vocabulario propio del uso de las redes sociales, como "hacerse viral". Multitud de vídeos o fotografías han logrado reproducirse masivamente en un corto período de tiempo.

Por otro lado, están los "memes" o bromas que ridiculizan personajes o situaciones. Seguro que habrá visto al pequeño Nicolás haciendo de las suyas en algunas fiestas patronales o un montaje de la embarcación de la Virgen del Carmen en la misma plaza del Charco tras las lluvias invernales. De verlo no se libra nadie, porque si no lo ve mediante las redes, algún conocido se asegurará de hacérselo llegar por WhatsApp.

Estamos inmersos en las redes sociales, atrapados. Si no publica información propia, aparecerá en etiquetas de amigos hasta en las imágenes más insospechadas. El derecho y el respeto a la privacidad se convierten casi en una utopía. Y son gratuitas, sí, pero vaya negocio. La información mueve el mundo y lo que entra en la red es para quedarse.

lunes, 26 de enero de 2015

Confidencial

Ante la emergencia de las redes sociales, accedemos a diario a multitud de información, muchas veces de índole privada, de nuestros contactos. También es verdad que cada usuario pone a disposición de sus "amigos" virtuales aquello que quiere o decide que conozcan.

Estos días he reflexionado sobre los datos que algunas personas hacen públicos y que yo considero referente a la más estricta intimidad. Esta semana un contacto compartió la reciente muerte de su madre, en el mismo día de su fallecimiento; por otra parte, una persona hasta fotografió la corte fúnebre de su abuela a su llegada al cementerio.

Desde el más profundo respeto, y conociendo la pesadumbre que se debe sentir en ese momento, considero que conseguir un "me gusta" no se puede sustituir por las condolencias de quien de verdad siente la pérdida de la persona a la que despiden.Y lo califico como una actitud frívola.

Algo similar encuentro en la publicación de los estados personales y la acción de facilitarle a cientos de contactos la más detallada crónica de su ánimo, sin entender que en supuestos de este calibre las redes sociales pueden jugar una mala pasada. No critico estas prácticas, cada quien es libre de expresar y de mostrar lo que desee de su vida; simplemente es que hago de mi privacidad un uso escueto e íntimo.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Fotos y fotos

Se considere usted amante de la fotografía, un mero aficionado o tenga terror a  las cámaras, seguro que le han retratado en más de una ocasión. Ya sea para tener recuerdos familiares o para ampliar el álbum de fotos digital que ocupa las memorias de ordenadores y teléfonos móviles. Y es que revelarlas ha pasado a un segundo plano.

Nadie se escapa de las fotos y hay quien piensa que si no publica imágenes que den fe de todo lo que hace en su día cotidiano no tiene vida. Seguro que conoce a alguien así, que le hace partícipe desde lo que ha comido, dónde ha pasado su tiempo libre y haciendo qué y hasta posa para mostrarle a todos sus contactos virtuales el nuevo modelito que ha adquirido.

Las redes sociales se hacen especial eco de este fenómeno. Hasta hay una de ellas específica para instantáneas. Hablo de Instagram, la cual he descubuierto recientemente y me gusta bastante. En este caso abundan fotos profesionales, curiosas o detallistas y permite emplear varios efectos.

La tecnología para captar imágenes ha variado considerablemente. Comenzaron con cámaras sencillas, proliferaron las ópticas y hoy es muy común obtener fotografías mediante dispositivos móviles (teléfonos, tabletas, etc.). Qué nostalgia me transmiten las cámaras artesanales que fabricábamos en clase de fotografía con una caja de cartón pintada de negro.

Sea como sea, las imágenes forman parte de nuestra vida. Sirven para identificarnos, desde el DNI hasta el currículum vitae. En ésas no solemos salir muy favorecidos, siempre se podría cambiar por una pose poniendo morritos, como hacen algunos.


martes, 30 de julio de 2013

Manos arriba

Hablando estos días con uno de los contactos de mis reportajes, me ha hecho recaer en una idea que considero que es poco reconocida. Todos tenemos la costumbre de hacer fotografías de nuestro día a día, de singularidades que apreciamos y que hoy están a nuestro alcance, más si cabe, gracias a los dispositivos electrónicos.

Cámaras digitales y teléfonos de última generación son los capturadores de la presa fácil. ¿Quién no ha sacado una foto con el móvil y la ha dispuesto en una red social? Pues bien, aquí empieza la reflexión. En estas plataformas también existe la opción de ver y compartir las instantáneas de nuestros amigos, que al ser publicadas son, por ende, públicas.

El contacto en cuestión se dedica a la fotografía de manera profesional y me ha hecho saber el poco respeto que se muestra a su trabajo y la facilidad con la que la gente le solicita sus fotos, sin recaer en que a eso dedica su tiempo y su esfuerzo.

Para los fotógrafos sus obras constituyen un sustento económico y al publicarlas pierden en muchos casos los derechos de autor que se le presuponen.

Desde aquí muestro mi respeto por los profesionales gráficos que tan buen trabajo hacen y a los que encumbro como profesionales. A los que cada vez que pulsan el botón, el "manos arriba" se les revierte.