Esta situación que les relato seguramente les resulta muy familiar. Después de una larga jornada, te encuentras en casa cenando u organizando las tareas domésticas y suena el teléfono. Es tarde, enseguida piensas en que ocurrió algo malo, pero descuelgas y escuchas a un operador telefónico al otro lado de la línea .
Empieza una digestión pesada y te pones de mal humor para terminar el día. Anoche ocurrió exactamente lo mismo. Esta situación te obliga a declinar las excelentes ofertas que te hacen, interrumpir, aclarar o simplemente colgar el teléfono. Todo depende de tu estado de ánimo.
Las restricciones gubernamentales en cuanto a los horarios de este tipo de llamadas comerciales evidentemente no son respetadas. La ley de protección de datos dudo que la cumplan, pero no pasa nada; sólo te han fastidiado la tarde.
Y me pregunto, en la era de la imagen e Internet, ¿todavía funcionan las ventas por teléfono? Conozco a quienes escuchan todo el repertorio y al final, tras varios minutos de explicación, agradecen educadamente el tiempo dedicado, pero no adquieren el producto. Vaya chasco, si lo miras desde el lado del operador. Casi son mejores los que cuelgan bruscamente.
El día 1 de enero no se publican los periódicos en papel. Bien. Pues como "hoy no es uno de enero" este espacio servirá para publicar comentarios, reflexiones o apuntes del día a día que susciten interés.
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miércoles, 12 de junio de 2019
miércoles, 28 de noviembre de 2018
Apalabrado
En estos días hacer cualquier compra o gestión se ha ido modernizando. Entramos a establecimientos con pantallas led, donde acordamos con firmas digitales y nos comunican al móvil el precio, modelo del artículo, etc. Visitar un lugar que no tiene nada de esto, me ha recordado el tiempo en que se comprometía el trato de forma apalabrada. Y estos sitios tienen bastante de entrañable.
Son locales recónditos, con posters en las paredes y calendarios visibles. Las sillas de la sala de espera tienen décadas y las revistas están más que manoseadas. A pesar de no ser cómodos, tienen el encanto de hacer las cosas a la manera de antaño: sin tanta prisa y probablemente con mejores resultados.
Con seguridad no te harán una encuesta de satisfacción ni te sugerirán que les sigas en redes sociales, pero te ofrecen café o te hacen una rebaja considerable.
Con el marketing y las sofisticadas estrategias de relación con el cliente se ha ganado mucho, pero, sin duda, también se ha perdido algo.
Son locales recónditos, con posters en las paredes y calendarios visibles. Las sillas de la sala de espera tienen décadas y las revistas están más que manoseadas. A pesar de no ser cómodos, tienen el encanto de hacer las cosas a la manera de antaño: sin tanta prisa y probablemente con mejores resultados.
Con seguridad no te harán una encuesta de satisfacción ni te sugerirán que les sigas en redes sociales, pero te ofrecen café o te hacen una rebaja considerable.
Con el marketing y las sofisticadas estrategias de relación con el cliente se ha ganado mucho, pero, sin duda, también se ha perdido algo.
jueves, 27 de septiembre de 2018
Influencer
Con el apogeo de las redes sociales donde prevalece la imagen vino la aparición de los denominados influencers. Está demostrado que la imagen vende, y si tu producto lo muestra alguien con tirón mediático, ya se vende solo.
Ropa, bolsos, joyas y hasta productos para el hogar. Si lo lleva o lo usa un famoso, la gente quiere comprarlo. En ocasiones a las marcas comerciales les basta con brindarles un pack de cremas o un alimento para que se publique en redes sociales y todo el mundo quiera adquirirlo.
Es un método publicitario diferente pero que funciona. Hasta los pequeños negocios se han hecho eco siempre de la visita de una persona distinguida a su establecimiento. Cómo muestra están las fotografías que podemos ver en restaurantes, hoteles, etc.
La influencia trae beneficios y vaya que sí.
Ropa, bolsos, joyas y hasta productos para el hogar. Si lo lleva o lo usa un famoso, la gente quiere comprarlo. En ocasiones a las marcas comerciales les basta con brindarles un pack de cremas o un alimento para que se publique en redes sociales y todo el mundo quiera adquirirlo.
Es un método publicitario diferente pero que funciona. Hasta los pequeños negocios se han hecho eco siempre de la visita de una persona distinguida a su establecimiento. Cómo muestra están las fotografías que podemos ver en restaurantes, hoteles, etc.
La influencia trae beneficios y vaya que sí.
domingo, 23 de junio de 2013
Muy, muy alto
En las grandes superficies comerciales, y abogando por la idea de abundancia y opulencia, colocan los productos en estanterías hasta muchos centímetros e incluso metros por encima de su cabeza. Imagínese cuánto que el cliente podría medir dos metros y aún así no alcanzar ni de puntillas los objetos que colocan en el estante más alto.
Especulando cuál es la razón que les lleva a distribuir los productos que están a la venta a esta altura, no encuentro más respuesta que dar a entender a los consumidores la abundancia de alimentos y enseres de que disponen. Dar a conocer que pueden comprar cuanto quieran, que hay producción de sobra.
Si se agotan los productos de las estanterías más bajas, las que están al alcance de cualquiera que mida entre 1,50 y 1,80 metros como media, de poco sirve que siga habiendo materiales varios estantes por encima. Tal vez en alguna ocasión haya visto a alguien de puntillas o dando saltos intentando obtener lo que, aunque esté a su disposición, no está a su alcance.
Ridícula me parece tal ostentación y poco efectiva, porque en estos establecimientos tampoco suele haber personal al servicio de los clientes que puedan facilitarles estos productos de tan alta ubicación; por lo tanto, tampoco considero que se pueda efectuar su venta.
Especulando cuál es la razón que les lleva a distribuir los productos que están a la venta a esta altura, no encuentro más respuesta que dar a entender a los consumidores la abundancia de alimentos y enseres de que disponen. Dar a conocer que pueden comprar cuanto quieran, que hay producción de sobra.
Si se agotan los productos de las estanterías más bajas, las que están al alcance de cualquiera que mida entre 1,50 y 1,80 metros como media, de poco sirve que siga habiendo materiales varios estantes por encima. Tal vez en alguna ocasión haya visto a alguien de puntillas o dando saltos intentando obtener lo que, aunque esté a su disposición, no está a su alcance.
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Ridícula me parece tal ostentación y poco efectiva, porque en estos establecimientos tampoco suele haber personal al servicio de los clientes que puedan facilitarles estos productos de tan alta ubicación; por lo tanto, tampoco considero que se pueda efectuar su venta.
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